A veces cuando estamos ahogándonos en nuestro propio vaso con agua, aparecen ángeles sin alas, que aún y sean tan terrenales como nosotros, nos hacen volar con sus alas, que sin que nosotros les busquemos, llegan sin más, sólo nos abordan para tendernos la mano y ayudarnos a volar.
¿Nos necesitan?, tal vez, quizás esas personas a las que nosotros vemos como ángeles salvadores nos vean a nosotros como ángeles también, o quizás nos vean como alguien que necesita ser apoyado porque en algún momento se ha quedado abandonado a un lado del camino. Tal vez esa sea su misión en el largo camino que se llama vida, pero que a la vez es corto; e independientemente de la forma en cómo se presenten esos ángeles, están ahí para apoyarnos, y por supuesto, estamos para ayudarles también.
Esas personitas a las que denominamos ángeles las encontramos en todos lados – amigos, novias, madres, hermanos, padres, compañeros, guías espirituales, etcétera – no piden nada que no podamos ofrecerles, nuestra amistad, cariño y respeto únicamente. Por tanto, debemos corresponderles, y si nos ven como ángeles a nosotros, hacer lo posible por ayudarles a volar con nuestras lastimadas alas, pero tenemos que ser fuertes para ayudarles a levantar el vuelo, y tal vez quizás, acompañarles por siempre.
Noé López Pacheco
Tags: Prosa